Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derecho de autor. Se ruega citen su procedencia. De no hacerlo, no pasa nada. Lo importante es sacar esta historia de la invisibilidad en que se haya.

viernes, 20 de julio de 2012

Los forzados de Marina en el siglo XVIII. El caso de los gitanos


Tesis doctoral. Universidad de Almería, agosto de 2007 Este estudio se centra en el aprovechamiento utilitarista de las condenas y disposiciones generales, para procurar mano de obra semigratuita, primero para nutrir de forzados a las galeras de la escuadra del Mediterráneo, y posteriormente al proyecto ensenadista de reconstrucción naval. Los gitanos, en principio predestinados a ser expulsados de la península, fueron destinados a trabajar en los arsenales de manera forzada, sin juicio y sin habérseles señalado tiempo de permanencia. Tras 16 años de olvido, y gracias a los esfuerzos de personajes como el Capitán General de Valencia, duque de Caylus, los gitanos supervivientes fueron liberados y se inició una nueva política asimilacionista, concretada posteriormente en la pragmática de 1783.file:///C:/Users/Adonay/Downloads/rhn_117_opt.pdf

“La presencia gitana en la zona oriental del reino de Granada durante el siglo XVII. El caso de Vera (Almería)”

El reino de Granada en el siglo XVII. Instituto de Estudios Almerienses, 1997, pp. 77-88. Tras su asentamiento en la península, los gitanos se vieron obligados a asentarse y abandonar su forma de vida itinerante. Un proceso que se extendió hasta el siglo XVII y que en el caso del sureste peninsular, llegó a consolidarse en buena parte, aún a pesar de las crisis periódicas que salpicaron este siglo.
TEXTO COMPLETO: http://issuu.com/bibliotecasanluis/docs/comunicaci__n_presencia_gitana_pdf

“Los gitanos en el sureste peninsular de los siglos XV y XVI”

Boletín del Instituto de Estudios Almerienses, 1996, 14, pp. 91-101. En este trabajo se estudian las vías de penetración gitana en la península a lo largo del siglo XV y el inicio del proceso de asentamiento en el Reino de Granada, donde se desarrolló una convivencia entre cuatro culturas. Se analiza además el proceso que llevó a los gitanos a sustituir en algunos campos a los moriscos, así como la encomienda de niños gitanos.
TEXTO COMPLETO: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=81803

"Gitanos y moriscos: una relación a considerar"


Los marginados en el mundo medieval y moderno. Instituto de Estudios Almerienses, 2000, págs. 89-99 La convivencia entre moriscos y castellanos tras la conquista de Granada estuvo siempre amenazada de continuas convulsiones. La sociedad del reino granadino estaba dividida en dos facciones claramente delimitadas y separadas. Muestra de ello es la obsesión de los cristianos viejos, que considerándose superiores en todos los aspectos se afanaban en señalar en cada documento el origen de sus protagonistas; tildando al morisco como cristiano nuevo, en oposición a castellano viejo. A estos dos grupos sociales se uniría posteriormente el gitano, al que se aplicaría similar estrategia, esta vez mediante el eufemismo de castellano nuevo. Los elementos de las clases modestas como de las altas, presentaban una considerable preocupación por no ser confundidos con elementos de estas minorías, pues tanto gitanos como moriscos adoptaban nombres y apellidos castellanos, lo que se prestaba a confusión. Los estatutos de limpieza de sangre son un claro ejemplo de este celo diferenciador y purificador de raza. Gitanos y moriscos convivieron lo suficiente como para establecer trasvases culturales y humanos entre sí. Desaparecidos estos últimos, los gitanos los sustituyeron en muchos aspectos.

TEXTO COMPLETO: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2241839

"Los gitanos y las Indias antes de la Pragmática de Carlos III (1492-1783)"

I Tchatchipen: lil ada trin tchona rodipen romani = revista trimestral de investigación gitana, 48 2004 Este artículo cuenta la relación de los gitanos (indios por su origen) con el Nuevo Mundo (al que se le llamó, por error, Indias). Desde que abandonaron la India antes del descubrimiento de América en 1942, los gitanos iniciaron una diáspora que les llevó a territorios hispanos durante el primer cuarto del siglo XV. El mundo conocido acabó para ellos en Andalucía, hasta que con el descubrimiento del nuevo continente se les presentó la oportunidad de continuar su camino. Este artículo explica que, a pesar de que en un principio los gitanos sólo pudieron entrar en América con permiso del rey, Felipe II prohibió su entrada en 1570 y pidió que los que ya estaban allí fuesen devueltos a España. Los que vivían allí eran, por tanto, inmigrantes ilegales. Sin embargo, el caso del gitano Jorge Leal, que consiguió permiso en 1602 para ir a Cuba como herrero abrió el camino de otros gitanos a esta isla. La entrada del primer rey Borbón en el siglo XVIII significó el comienzo de una fuerte política de represión. Muchos fueron enviados a prisiones, pero fueron puestos en libertad con la llegada de Carlos III, que no sabía qué actitud debía tomar con respecto a esta minoría. Durante su reinado hubo un intenso debate sobre la deportación masiva de gitanos a las colonias americanas, hasta que en 1783 se aprobó la pragmática que les permitió vivir donde quisieran, aunque en realidad no puso fin a su represión.

TEXTO COMPLETO: http://www.unionromani.org/tchatchionline/pdf/04804esp.pdf#view=Fit

"Los gitanos y la prohibición de pasar a las Indias españolas"

Revista de la CECEL. Expediciones y pasajeros a Indias,22 de junio de 2011 La llegada de los primeros gitanos a América fue consecuencia del intento de la efímera política penitenciaria para colonizar con elementos de ambos sexos las tierras recién descubiertas. Abandonada esta práctica, a los grupos sociales considerados indeseables, en el que se incluyeron a los gitanos, se les prohibió pasar a la Indias con el pretexto de no provocar alteraciones sociales y ”contaminar” con sus costumbres y malas artes a los nativos americanos. Sin embargo, los gitanos, al igual que harían en la península siempre hallaron un medio para sortear todas las leyes restrictivas que contra ellos se publicaron. Sólo a partir 1783 esta población “invisible” consiguió emigrar legalmente.

“Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556-1598). El fracaso de una integración”

Chrónica Nova, 30. Universidad de Granada, 2004, págs. 401-430 (http://revistaseug.ugr.es/index.php/cnova/article/view/1898) Los gitanos llegan al reinado de Felipe II tras un proceso en el que se criminaliza su forma de vida y se crea un estereotipo negativo. Represión y utilitarismo en las condenas de los gitanos varones corren paralelos durante este período, y a la pena de galeras para los hombres, instaurada ya por Carlos Y, se une ahora la de azotea y destierro para las mujeres. Sin embargo, el conflicto étnico se recrudece aún más cuando se dictamina en 1586 una mayor restricción de movimientos. Desde este momento se les obliga a tomar vecindario y obtener licencia para poder desplazarse desde su domicilio a las ferias y otros lugares. Estas medidas impulsan una mayor vecindad, pero en algunos casos fracasa cuando las autoridades locales se las niegan, o cuando una vez conseguida se rompe, especialmente con ocasión de la redada de 1572/1573. El gitano, ante el temor a caer bajo el engranaje judicial buscará en algunos casos mecanismo adaptativos que le permitan subsistir en una sociedad excluyente.

TEXTO COMPLETO: file:///C:/Users/Adonay/Downloads/Dialnet-LosGitanosEnElReinadoDeFelipeII15561598-1464990%20(2).pdf

La minoría gitana de la provincia de Almería durante la crisis del Antiguo Régimen (1750-1811)

Instituto de Estudios Almerienses. 1998 Este libro analiza la definición y culminación del conflicto étnico que llevó a los gitanos al borde del genocidio. Se analiza la comunidad gitana almeriense en la época post-redada, hasta alcanzar la primera década del siglo XIX, durante la cual, aunque aparentemente había desaparecido el riesgo de nuevas redadas generales, las levas para el ejército continuaron ensañándose contra los miembros varones de esta minoría étnica. TEXTO DE LA EXPOSICIÓN REALIZADA POR BERNARD LEBLOND CON OCASIÓN DE LA PRESENTACIÓN DE ESTE LIBRO La obra de Manuel Martínez Martínez, “La Minoría Gitana de la Provincia de Almería durante la Crisis del Antiguo Régimen”, nº 5 de la colección Almería y los Almerienses, publicada por el Instituto de Estudios Almerienses, es realmente única en su categoría y se puede decir que su título no da una idea exacta de la riqueza de su contenido. En efecto, los dos primeros capítulos -que representan casi 100 páginas de las 287 que contiene el libro- nos ofrecen un panorama completo de la historia de los gitanos de España, desde su llegada en el siglo XV, hasta la pragmática de 1783, firmada por Carlos III, pasando por la redada general de 1749. Es cierto que esta primera parte no es totalmente de primera mano, pero es una síntesis ideal de cuanto se ha escrito, no solamente sobre los gitanos, sino sobre la historia de los hombres y de las ideas en España, desde los años 50 hasta ahora. Es una síntesis ideal porque es a la vez crítica, completa, armoniosa y esencial. No le falta ningún dato importante ni le sobra ningún detalle superfluo, y es totalmente sana, porque no disfraza la realidad ni santifica a nadie; se conforma con denunciar los prejuicios, el odio y la indiferencia. “Cotidianamente podemos cruzarnos en el camino, coincidir en las colas de un supermercado o de subida al autobús, sentarnos en la butaca contigua de un cine… Vivimos juntos y, tan cerca, pero… ¡tan desconocidos! Solamente cuando las vidas de unos y otros se trasponen de una forma más estable, se puede establecer una relación más trascendental mediante la comunicación y la comprensión mutua”. Así empieza la introducción del libro de Manuel Martínez, que sin proponérselo quizá, aparece como un alegato a favor del respeto y de la tolerancia hacia una minoría marginada y despreciada, sólo porque nos cuenta de una manera objetiva, sin exageraciones ni efectos líricos, la historia de un genocidio cultural y el desarrollo de una política cuyo propósito declarado era la destrucción total de una comunidad humana -una “nación” como se decía entonces, una “etnia” como decimos hoy. De paso, el autor dedica algunas páginas a la redada del siglo XVII, menos conocida que la de 1749, y que consistió en aplicar la pena de galeras a todos los gitanos válidos, sin haber cometido ningún delito, sólo “por la necesidad que había de gente para el remo”. La orden de 1639 para prender a un mismo tiempo todos los gitanos de España”, prefigura ya la redada que se va a realizar 110 años más tarde. La explotación de las minas de azogue, metal utilizado para el tratamiento de la plata de América y cuyo contacto provocaba una enfermedad crónica, a menudo mortífera, llamada hidrargirismo, brindó hasta el final del siglo XVIII, otra oportunidad de utilizar esta mano de obra forzada y barata que representaban los gitanos. Manuel Martínez dedica un importante apartado a este tema, aportando como siempre documentos de cosecha propia. Otro tema que llama la atención es el de los gitanos alistados en las guerras de Granada y Flandes. Por lo que toca a Flandes, además del caso de las familias de Moya, Bustamante, Rocamora, Montoya y Flores, conocido gracias a las investigaciones de Carmen Juan Lovera, Manuel Martínez cita una serie de documentos que le permiten afirmar que “el número de gitanos integrantes de los tercios, parece pues ser mucho más alto de lo que hasta ahora se había pensado…”. Así, a las familias arriba citadas se añaden las del Campo, Belardo, Maldonado y Soto, incluyendo el caso particular de Sebastián de Soto, veterano de Flandes, quien propone en 1639 una leva de doscientos hombres de su “nación”, naturales de Sevilla y otros lugares de Andalucía para “volver al Real Servicio”. Tales testimonios parecen suficientes para justificar el mote de “flamencos” que se llegó a dar a los gitanos andaluces, teniendo en cuenta los enlaces matrimoniales posteriores de dichas familias y su notable ubicación en la geografía del cante. En cualquier caso, esta explicación documentada es la más seria de las que se han propuesto hasta ahora. A propósito de la redada de 1749, conocida sobre todo gracias a los trabajos de Antonio Gómez Alfaro, Manuel Martínez aporta una cantidad de precisiones interesantísimas relativas a los gitanos almerienses. Los capítulos III a VII, son el fruto de investigaciones minuciosas en los archivos nacionales, en Archivo Histórico de la provincia, así como en diversos archivos municipales y parroquiales de las provincias de Almería y Murcia -sin olvidar el Archivo de la Real Chancillería de Granada-. Desde luego, la historia enfocada a ese nivel microscópico resulta siempre la más interesante, porque es la que nos presenta casos concretos de pueblos, familias y personas, y refleja de manera más viva la realidad cotidiana. La investigación que constituye la materia prima de esta parte esencial del libro empieza con las consecuencias de la redada de 1749 y se alarga hasta los años de la guerra de la Independencia, a principios del siglo XIX, periodo muy poco estudiado con este enfoque particular. El capítulo IV es una monografía sobre una de las familias más representativas de la provincia de Almería, los Moreno. El V capítulo tiene como eje la pragmática de 1783 y el VI ofrece una prolongación hasta 1811, incluyendo datos muy valiosos sobre las levas de 1794, 1803 y 1816. El último capítulo del libro -el VII- dedicado a los aspectos socio-económicos, es uno de los más interesantes. Nos proporciona una enorme cantidad de datos sobre la demografía gitana, con la distribución de esta población por edad y sexo, la natalidad, el hogar y la familia, los matrimonios, el compadrazgo y, por fin, sobre las diversas actividades económicas practicadas por los gitanos almerienses repartidas según los sectores convencionales, evocando también el poder económico y el nivel de instrucción de dicha población. Las notas, los anexos, el índice y la bibliografía hacen de este libro una obra de referencia imprescindible, de uso cómodo y lectura amena. Quisiera subrayar también, entre los aspectos más originales, la utilización de diversas fuentes orales y el doble aspecto histórico y sociológico de la obra. Me es realmente muy grata la oportunidad que me brindan Manuel Martínez y el Instituto de Estudios Almerienses de presentar una obra tan importante y de expresar al autor mi más sincera admiración. Quiero agradecer a todos el haber hecho posible un homenaje tan merecido, y terminar citando las propias palabras de Manuel Martínez, las seis líneas del último párrafo de sus consideraciones finales, como botón de muestra de la calidad y elevación de tono que caracteriza la obra: “Finalmente, el pueblo gitano en la actualidad, aunque perdido gran parte de su acervo cultural, conserva aún una gran cantidad de valores, que como bien señala Juan de Dios Ramírez Heredia, pueden ser aportados a una sociedad que los va perdiendo. La defensa de la familia, la unión de sus elementos, es algo de lo que podemos aprender de los gitanos; para lograrlo debemos conocerlos y respetarlos. Por esto, la historia del pueblo gitanos es fundamental”. Bernard Leblond