Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derecho de autor. Se ruega citen su procedencia. De no hacerlo, no pasa nada. Lo importante es sacar esta historia de la invisibilidad en que se haya.

lunes, 1 de mayo de 2017

Felipe IV ordena al capitán general de las galeras de España, que los forzados gitanos sean los últimos en ser liberados, una vez hayan cumplido su condena y se levante la retención que se considera conveniente (1645)

“Conde de Linares, mi capitán general de las galeras de España. He visto dos cartas vuestras de los doce del pasado en que informabais lo que se os ofrece en las pretensiones de diferentes forzados que se hallan en esas galeras, que por haber cumplido sus condenaciones pretenden se les dé libertad, y decir que siempre seréis de parecer que no se detenga en ellas a ninguno que haya cumplido su tiempo; pero que ya que la necesidad obliga a que se detengas tantos, sean los gitanos los últimos a quienes se dé libertad, y que a los otros se les dé, empezando por los más antiguos, con que se dará esperanza a todos para ir saliendo. Y me ha parecido deciros, que pues la falta de chusma es tan grande como se sabe, y que habiendo de salir temprano como lo tengo mandado, si se le diese libertad irían mal las galeras. Y con deseo de acudir a lo uno y a lo otro, se considera podrían servir de buenas boyas de los que han cumplido, los que quisiesen. Y a la retirada de la navegación venidera, dar libertad a algunos, lo cual se os dice para que lo deis a entender a esta gente y la consoléis, y si juzgareis que sin hacer falta, conviene dar libertad a algunos de los forzados que han cumplido, lo haréis ejecutándolo con la moderación que espero de vuestro celo, advirtiendo que a los gitanos si les hubiere de llegar la libertad, han de ser los postreros en salir de galera”.
Forzados de galeras

COMENTARIO:
Determinada la corona de Castilla a emprender una captura masiva de individuos varones de esta etnia para hacer frente a la guerra que desde 1636 Luis XIII de Francia había declarado a Felipe IV. Precisó de llenar de chusma las galeras españolas, para lo que se procedió a recabar en octubre de 1638 la colaboración aragonesa, valenciana, catalana y portuguesa, para convocar y juntar “a un tiempo, y si pudiere ser en un día”, a el fin de prender “el mayor número que sea posible” de gitanos y destinarlos a galeras. Paralelamente, se creó una comisión con facultad de condenar y acelerar los pleitos pendientes de reos susceptibles de ser enviados a ellas. A don Pedro de Amezqueta, alcalde de Casa y Corte de Madrid, le correspondió la delegación más importante, dado que su ámbito de actuación se extendió a toda la actual Andalucía y el reino de Murcia. No considerándose suficientes estas medidas, se dispuso la realización de una redada
el 19 de diciembre de 1639, cuyo impacto quedó registrado por varios cronistas de la época. Uno de ellos, Pellicer, justificó la medida emprendida para capturar “a un mismo tiempo todos los gitanos de España” por haber en galeras, una “gran falta de galeotes y remeros”, y a que “en todos los lugares” hacían “mucha sobra esta infame raza”, pues sólo empleaban “de espías, ladrones y embusteros”.
Las mayores remesas de forzados gitanos se dieron en el periodo comprendido entre 1639 y 1645, siendo el año 1640 con un total de 77 individuos de esta etnia, la mayor cantidad de galeotes gitanos recibida en un solo año sobre las galeras españolas. Muchos de ellos tras pactar sus condenas con los comisionados, creyendo  eludir condenas mayores. Y, aunque algunos como Sebastián Fernández Maldonado, al que condenado a diez años al remo, se le conmutó dicha pena a solo tres tras renunciar a la apelación, lo cierto es que muchos hubieron de sufrir una retención sobre los bancos de las galeras, en una clara discriminación respecto al resto de forzados.