Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derecho de autor. Se ruega citen su procedencia. De no hacerlo, no pasa nada. Lo importante es sacar esta historia de la invisibilidad en que se haya.

miércoles, 1 de marzo de 2017

La negación de los gitanos como una etnia y nación. El discurso de Fray Juan de la Puente, calificador de la Inquisición (1612)

Y en otras partes de Europa, a unos escuadrones de pícaros a quienes llamamos gitanos, quitando la primera sílaba del nombre referido. Dicen algunos que tuvo esta gente principio en los zeugitanos de África, que saliendo de su tierra acometieron la Grecia, llevando consigo sus mujeres e hijos (estilo ordinario de los bárbaros). Los griegos les quemaron los navíos y cautivaron a todos. Después les dieron libertad porque ellos dieron palabra de convertirse a la Fe. Como en su tierra vivían sin tener ciudades. Mudando cada día la habitación según los tiempos y las ocasiones, en Europa guardaron la misma forma de vida. Dicen que descienden de un mágico que llamaron Ceneo, y que de él aprendieron a decir las cosas por venir y los sucesos pasados, vendiendo por cualquier interés este don de profecía. De éstos les parece algunos desciende los que llamamos gitanos y en otras partes cínganos, siendo zeugitanos su propio apellido. Muy posible se me hace que haya venido a España esta nación africana. Pero los que ahora llamamos gitanos, mas les damos este nombre, porque les imitan en el modo de vivir, que por ser sus descendientes. Esta vil canalla, no es otra cosa que hombres y mujeres amotinados, y facinerosos. Y ellos por deudas y otras no tan honradas causas, ellas por mal casadas o por bien amancebadas, desamparan sus casas y habitan en los campos y despoblados. Traen las caras quemadas, hostigadas del sol, y de las injurias del tiempo; y esto nos hace creer que no son españoles, sino naturales de otra tierra tan abrasada como África, o Egipto, ayudando al engaño el vestido, y el lenguaje. Pero sin duda son nacidos y criados en las tierras de Castilla; y gente que sin más información de su vida vagante, les podrían castigar, asegurando la Tierra de sus manos, porque son diestros en el hurtar, y tienen arte de este oficio.




COMENTARIO: La política represiva llevada a cabo en España a lo largo del siglo XVI y comienzos del XVII corrió paralela a la que a lo largo de todo el continente europeo se desarrolló con diferente intensidad y propósito. En todas ellas se coincidió en la eliminación del nomadismo gitano con el fin de crear un estado-nación homogéneo. En España, esta comunidad étnica quedó atrapada entre la minoría religiosa de los moriscos y los grupos considerados antisociales, compuestos básicamente por los falsos pobres y los vagabundos, motivo por el que se convirtieron en víctimas de una constante represión para imponer una cohesión social a toda costa.
Fray Juan de la Puente, calificador del Santo Oficio, muestra en su obra “Conveniencia de las dos Monarquías” esta ambigüedad durante la primera década del siglo XVII, contribuyendo a divulgar una visión errónea sobre su origen, de la que arbitristas como Sancho de Moncada se apoyaron para formular sus acusaciones contra esta minoría y negarles su especificidad racial, a fin de combatir una forma de yida, por la que los gitanos habían atraído “muchos holgazanes y vagamundos, para vivir a sus anchuras. Porque cosa muy sabida es que muchos de los que andan con los gitanos, así hombres como mujeres, son españoles y lo mismo pasa en otras provincias”. Argumentación en la que insiste repetidas veces, y que sustentaba en la opinión de eruditos: “La cierta opinión es que los que andan en España no son gitanos, sino enjambre de zánganos y hombres ateos, y sin ley ni religión alguna, españoles que han introducido esta vida o secta del gitanismo, y que añaden en ella cada día la gente ociosa y rematada de toda España”. Una construcción ideológica que justificó el impulso de nuevas políticas represivas para eliminar el supuesto nomadismo e identidad sociocultural de los gitanos.